martes, 5 de mayo de 2020



El coronavirus y su impacto en la educación

La emergencia sanitaria internacional desatada por el COVID-19 mantiene en suspenso al mundo. La alarmante velocidad de propagación de la enfermedad ha causado que diferentes países se preparen para contrarrestar eventuales casos dentro de sus territorios. 

Con este objetivo, se tienen dispuestas diversas estrategias no farmacológicas para frenar el avance del coronavirus mientras se desarrolle una vacuna para el mismo. Los niños en edad escolar conforman una población vulnerable ante la amenaza de un virus de estas características, por lo tanto, suelen ser sujetos prioritarios en el diseño de estrategias para la prevención del contagio.

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Uno de los programas de protección más utilizados en la historia de las enfermedades masivas es, precisamente, el cierre de los colegios y la suspensión de las clases escolares.

 Esta decisión ha demostrado ser efectiva en la reducción la velocidad de contagio en epidemias anteriores y ya se está aplicando en algunas regiones de China y Hong Kong. Sin embargo, si bien el cierre de las escuelas supone un evento positivo para la seguridad de los estudiantes ante las circunstancias en cuestión, este también genera sendas problemáticas educativas y socioeconómicas que no se deberían pasar por alto.

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Discontinuidad educativa y rendimiento académico
En primer lugar, la suspensión de clases en cualquiera de sus distintas modalidades, interrumpe el rol de las escuelas como lugares de socialización, esencial no solo para sus estudiantes, sino también para todos aquellos miembros de la sociedad para los que sirva como un punto de encuentro. Este impacto es más profundo en las comunidades con menores ingresos económicos.


 Para muchas de ellas, el colegio representa uno de los pocos lugares en los que se pueden reunir con sus pares y discutir asuntos concernientes a la comunidad, en el caso de los padres, e integrarse en grupo en el caso de los niños. Investigadores como Lochner y otros, consideran que la pérdida de estos espacios constituye una disminución del capital social y el sentido de comunidad. Esta pérdida complica la construcción de la identidad en los niños y esto, a su vez, les origina dificultades académicas.

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Además, un estudio realizado por los sociólogos Doris Entwisle y Karl Alexander en el año 1992 propuso la existencia de un fenómeno conocido como Summer Setback, el cual describe una notoria pérdida de los conocimientos aprendidos en las aulas durante el periodo vacacional, manifiesta en el declive del rendimiento académico de los alumnos. La ampliación de dicho periodo o el cese de las clases por motivos de emergencia sanitaria ocasionaría un efecto similar y su gravedad sería proporcional a la duración en la que las escuelas permanezcan cerradas.

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Estas complicaciones no son ajenas a los padres y se han observado muchos casos en los que ubican a sus hijos en instituciones pedagógicas paralelas o, en última instancia, son ellos mismos quienes aseguran su continuidad educativa. Pese a esto, es muy probable un escenario en el cual muchos padres no puedan costear sistemas de educación alternativa e incluso experimenten mayor dificultad en la enseñanza en el hogar a comparación de aquellos progenitores con mayor grado de instrucción académica. Asimismo, el hecho de que una gran cantidad de padres requieran de más tiempo en casa para garantizar la educación y el bienestar de sus hijos conlleva sus propios problemas.

Padres en casa, producto a la baja
El cierre de las instituciones educativas presiona a muchos padres a velar personalmente por sus hijos, ya sea por su bienestar social o para garantizar la continuidad de sus estudios. Gran parte de estos padres, tenderían a ausentarse en sus centros laborales para cubrir sus necesidades. Un desplome de la productividad de las empresas tendría un impacto directo en el desempeño de la economía.

Coronavirus: ¿cómo deben actuar los padres si se contagian?

A finales de febrero, cuando comenzó con mayor intensidad la alarma a nivel mundial por el coronavirus, el Banco Mundial estableció un grupo de trabajo global y multisectorial para apoyar a los países a tomar las medidas necesarias para afrontar esta amenaza. En ese momento, cerca de 1500 millones de estudiantes en todo el mundo han visto sus escuelas cerrar y hay mucho por preguntarnos acerca de la educación en esta difícil situación.
La crisis no es igualmente grave para todos los países. No solo por las diferencias en la rapidez de contagio, sino y, sobre todo, por la infraestructura y los recursos con los que cuenta cada país. Las emergencias de salud anteriores, nos muestran que es probable que el impacto en la educación sea más devastador en países con resultados de aprendizaje bajos, altas tasas de deserción y baja resistencia a los choques. Si bien el cierre de escuelas es una solución lógica para imponer el distanciamiento social dentro de las comunidades, los cierres prolongados tienden a tener un impacto desproporcionadamente negativo en los estudiantes más vulnerables. Además de que, en muchos países de continentes con más desigualdad, los niños y niñas asisten a la escuela también para comer.
Además, en estos países los niños y niñas tienen menos oportunidades de aprender en casa y su tiempo fuera de la escuela puede presentar una carga económica para los padres quienes probablemente enfrentan dificultades para encontrar cuidado infantil prolongado o para proveer incluso nutrición adecuada en ausencia de programas de alimentación escolar.
Las mejoras obtenidas con tanto esfuerzo en el acceso a la educación podrían estancarse o revertirse a medida que se extiendan los cierres de escuelas y el acceso a opciones alternativas de educación, como el aprendizaje a distancia, para quienes no tienen los medios necesarios para conectarse. En el mediano plazo, esto puede causar una mayor pérdida de capital humano y una disminución de las oportunidades económicas.
Posibles soluciones
El brote del virus y los bloqueos a nivel nacional podrían utilizarse como la mejor manera de probar la efectividad de las intervenciones de tecnología educativa para el aprendizaje a distancia. Desafortunadamente, pocos sistemas están completamente preparados. 

China es uno de los países en los que la educación continuó, independientemente del cierre de escuelas, a través de Internet y el aprendizaje a distancia. Otros países o sistemas escolares están menos preparados. El acceso a la tecnología en la mayoría de los hogares puede variar, y el acceso a Internet de alto ancho de banda o a teléfonos inteligentes está relacionado con el estrato socioeconómico, incluso en países de ingreso mediano. Por lo tanto, los programas que pueden enfocarse en los más necesitados rápidamente son cruciales.




plataforma virtual: ENTRE AL ENLACE PROFESOR 
https://youtu.be/MV8REiXPUY


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